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martes, 7 de marzo de 2017

PÉREZ REVERTE Y SU PATENTE DE CORSO PARA DECIR ESTUPIDECES



No sé en qué momento Pérez Reverte le cogió el gustito a esto de pretender considerarse y erigirse en azote de las personas que creen en la igualdad (las-personas-feministas) y de las (personas) musulmanas. 
No lo sé, y la verdad es que tampoco me interesa mucho porque sus últimos vómitos a través de lo que destila un tufo asqueroso a falta de respeto con forma de letras perfectamente conjugadas, apesta.
Apesta odio, con lo bonito que es eso de amar al prójimo, y a la prójima.
Apesta complejo de superioridad, que le lleva a creerse en posesión de la verdad absoluta.
Y apesta pretender incendiar a través de fueguecillos que le permitan estar más que en el candelero, en el candelabro que decía aquella.
Alguien tiene que decirle al Sr. Reverte que sus presagios, a lo Nostradamus, del que se llegó a la conclusión que no fue profeta ni clarividente, sino simplemente un ocultista que empleó varios métodos arcanos para oscurecer las profecías, se confirman, y es que hace años que hay jóvenes graduadas en Educación Infantil y Primaria, entre las que algunas, oh fatalidad del destino, por mucho que pese al Sr. Reverte y a su caterva de hooligans anclados en épocas más propias de sus propios personajes, llevan hiyab. 
 Es más oiga, también hay profesionales de diferentes ámbitos: sanitarias, jurídicas, empresarias y un largo etcétera en el que no es necesario que me extienda.
El problema no es, como pretende trasladar Reverte, el "pañuelo" y cuanto el "pañuelo" significa en ideas sociales y religiosas, si no el concepto y los miles y miles de prejuicios que destilan sus letras respecto al significado social o religioso del pobre hiyab.
El problema es que "personas" como Reverte están tan enamoradas de su ideal Bwana salvador de todo y de todos (y todas) que se niegan a ver la simplicidad y la esencia de la cuestión: la libertad del ser humano, querido Reverte. 
Debería dejar de mirarse el ombligo o, lo que es lo mismo, leer sólo lo que escribe usted y los de su cuerda, y levantar la mirada, abrirla para descubrir lo infinito del horizonte. Seguro que ganará mucho, no sólo en beneficio de sus letras, si no especialmente, como persona.
Y por cierto que antes de calificar a las feministas, esas personas que luchan día a día por la igualdad de las personas, por mucho que quiera el Sr. Reverte ridiculizar su papel y hacer gala de su misoginia más profunda al decir que callan como meretrices, debería tener en cuenta que tal vez, sólo tal vez, están más ocupadas en desterrar pensamientos como las de tan ilustre escritor de nuestro país (sí, nuestro), eso sí, cada vez menos lustroso y más oscuro y casposo. 

sábado, 9 de enero de 2016

Muslims are...cool!

Siiiii!!
Es lo que tiene esto de ser musulmán/a oye, que lo mismo un día te odian sólo por apellidarte de una manera que al siguiente te adoran por el tamaño de tu billetera.
En la más clara muestra de cómo el clasismo está por encima del racismo, los más importantes diarios y revistas del mundo se hacen eco de las abayas y hijabs que diseñarán Dolce&Gabbana (firma que factura la friolera de 8.7 billones con b de dólares en2015). Desde Forbes, New York Times, The guardian, Vogue o los diarios de gran tirada nacional como El País o El Mundo no ha habido medio que no se haya hecho eco estos días de la iniciativa de la empresa italiana. 
Una iniciativa enfocada especialmente a quienes pagan en petrodólares el lujo y las exclusividades. No en vano, se dejan una millonada (literal) en complementos, zapatos y otras prendas al alcance sólo de aquellos bolsillos que no hacen ascos a nada que les guste por muchos ceros que tenga.
Sin embargo, no he leído aún a nadie de quienes habitualmente consideran que las mujeres con hiyab somos mujeres sumisas (JA), criticar el uso comercial de prendas típicamente árabes como las abayas para hacer caja.
Y es que, aquí el falso discurso de que las pobrecitas musulmanas están esclavizadas y llevan el hiyab por imposición, da paso directo al business is business. 
Y cuando se trata de business, de dólares o de euros, se sube varios peldaños: los moros pasan a ser árabes, las personas negras pasan a ser de color y la discriminación o el odio xenófobo que pudiera existir en un primer momento, suele dar paso a otras actitudes (hipócritas) diferentes.
Pero, ¿por qué?
¿tanto cambia el dinero la percepción que tenemos de las personas?
Las mujeres de los países nutridos con oro líquido aún están en pugna por sus derechos. Derechos tan simples para nosotras como es el de conducir tu propio coche. Sin embargo, parece que verlas con un bolso Jimmy Choo, unos zapatos de Manolo Blahnik o ahora una abaya Dolcce&Gabbana hace que cambie la percepción, el concepto y la consideración que se les pudiera tener. 
La ropa no hace a las personas.
El dinero, tampoco.
La lucha por las libertades más allá de los estereotipos o del clasismo es lo que realmente está de moda.
Todo lo demás, es sólo business.

viernes, 8 de enero de 2016

Malos tiempos...

....para ser  musulmán/a.
Malos tiempos para decir que son malos tiempos, porque parece que vas de víctima.
Sin embargo, el silencio de los que discrepan es el mejor compañero de quienes pretenden fomentar la islamofobia en cualquier lugar.
El silencio, el callar, supone otorgar y eso es inadmisible para cualquier persona ligeramente rebelde contra las injusticias, como quiera que se llamen y, hoy por hoy una de las mayores injusticias es la de meter a todas las personas de credo musulmán en el mismo saco.
Cualquier motivo parece bueno para fomentar el odio.
Es como si algunos estuvieran a la expectativa para soltar el "¿ves?"," ¿qué te vas a esperar?" 
Que hay algún secuestro en el mundo, alguna violación, algún atentado, algún robo....pues ale, todo lo malo se relaciona a lo musulmán y mira que hay que ser muy tonto para meter a personas en el mismo saco por el hecho de compartir credo,credo que por cierto está influenciado también por la cultura, la zona geográfica, la educación...pero da igual, el pensamiento actual es que si es musulmán no puede ser bueno. 
¿y cómo leches hemos llegado a esto?
¿y qué se ha hecho por parte de los poderes públicos?
¿qué papel ha jugado en ello la desinformación o la información tóxica?
¿y qué culpa tenemos tú y yo?
¿y cuándo perdimos el sentido común?
¿y la coherencia?
Llegar a la conclusión de que no por rezar hacia el mismo lado, las personas son iguales, debería ser tan sencillo como sumar dos más dos, pero son malos tiempos para el sentido común, que una vez más, aparece como el menos común de los sentidos.




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