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viernes, 31 de enero de 2014

CUESTIÓN DE IDENTIDAD


   Según Maalouf“identidad es lo que hace que yo NO sea idéntico a ninguna otra persona”.
    Me gusta su definición.
    Pone de manifiesto la importancia del propio ser. Me encanta que seamos diferentes y que haya cosas que nos únen (aunque no todo el mundo lo lleve igual de bien)
    Sin embargo hay que tener en cuenta que a veces resulta complicado ser una misma en un entorno bastante fértil para los prejuicios; ya sabes, tú tan segura de ti misma, tan "igual", tan confiada en la perfecta compatibilidad entre los diferentes aspectos que forman tu identidad.... y luego llega alguien que intenta hacerte sentir rara con su manera de verte (aunque lo de rara avis siempre lo he tenido claro)
    La dualidad entre la nacionalidad y el credo siempre nos persigue de cerca y aunque resulte cansino, siempre merece la pena explicarla y apostar por ella.
    ¿Por qué resultará tan difícil ver a las personas como tales en vez de encasillarlas al primer golpe de vista? ¿Por qué no nos fijamos en los puntos que nos únen en lugar de en los que nos separan?
    Igual me suele ocurrir con el feminismo. ¿cómo vas a ser feminista si a las musulmanas os tienen sometidas, pobrecitas....!! Uhmmmmmmmm lo que hay que aguantar.... Sí señora, pobrecita toda la que no sea alta, rubia y de ojos azules, verdad? No es de extrañar que haya quienes rehuyan que se las denomine feministas (algunas intelectuales, por ejemplo, del mundo árabe lo ven un término excesivamente colonial). Cuando se utiliza el término, ¿de qué feminismo hablamos? ¿existe un sólo modelo válido, el occidental y todo lo demás no vale?...Yo es que soy tan simple que la lucha por la igualdad me parece el verdadero feminismo, sin más matices, sin diferencias de sexos...
   Tal vez por eso, no es de extrañar que algunas personas reaccionen a la defensiva cuando comprueban que si quieren ser modernos y avanzados tienen que parecerse cada vez más a Occidente y menos a ellos mismos. ¿Vivir, formar parte de una sociedad occidental, significa que ese modelo de sociedad es el único válido? ¿o que es el mejor? ¿tenemos que tener todas (las personas) el mismo patrón? ¿las mismas opiniones sobre todo? ¿y si hubiéramos nacido en otras sociedades? Más que probablemente, tendríamos otra perspectiva, incluso otra identidad.
Siguiendo con las teorías de Amín Maalouf, es innegable, en mayor o en menor medida, la influencia de los demás sobre nosotros, de modo que todos somos depositarios de dos herencias : 
-una “vertical”que nos viene de nuestros antepasados, creencias, de nuestro pueblo, tradiciones...
-y la otra “horizontal”, que es producto de la época en la que vivimos...
ambas son irrenunciables y de nuestra capacidad de encajarlas entre sí, dependerá el desarrollo de nuestro pequeño entorno, aunque no siempre resulta fácil compatibilizarlas con la normalidad deseada.

Se debería animar a todo ser humano a que asumiera su propia diversidad, a que entendiera su identidad como la suma de sus diversas pertenencias en vez de confundirla con una sola... Especialmente en el caso de todas las personas cuya cultura de origen no coincide con la cultura de la sociedad, y habría que hacer lo posible para que nadie se sintiera excluido de la civilización común para que todos pudieran hallar en ella su identidad” (Amin Maalouf)


jueves, 23 de enero de 2014

NADIE DIJO QUE FUERA FÁCIL

  
   La gente está bastante concienciada con la igualdad entre hombres y mujeres en el ámbito social, laboral, cultural, formacional, etcétera.
   Al menos en teoría.
  Sin embargo la práctica refleja como subyacen en algunos rincones del subconsciente ideas que distan mucho de esa teoría.
   Hablando con varias mujeres acerca de la igualdad o la desigualdad es curioso como se pueden extraer conclusiones compartidas, con independencia del ámbito.
   Todas son conscientes de que son necesarias en la sociedad pero también dicen que a veces tienen la sensación de que se les utiliza según interese porque a veces son tenidas en cuenta y otras, no.
   También reconocen que si normalmente las relaciones son bastante fraternales, las cosas cambian cuando se trata de opiniones contrapuestas porque a muchos, les cuesta aceptar que una "simple" mujer les discuta. Es como si sintieran afectada su hombría por ello. A partir de ahí, algunas dicen tener la sensación de constantes ataques verbales (directos o indirectos) y/o de manipulaciones de otras personas para atacarlas.
  Dicen que les extraña especialmente cuando son el foco de los ataques de quienes consideran a las mujeres necesarias, según para qué claro, sobre todo cuando vienen de otras mujeres. Mujeres a las que se pinta a otras como el enemigo a batir porque claro, poner en entredicho a algunas masculinidades, sigue siendo casi un delito social.
   Pero dicen no entender las dobles varas de medir cuando se trata de las propias parejas de esos especímenes, o de las hijas o de las hermanas.
   Me gusta escucharlas porque lo dicen con risas (están de vuelta) según ellas porque algunos se creen con gran capacidad de manipulación sin darse cuenta de que se ponen en entredicho a ellos mismos, a sus hipocresías, cuando acuden a ellas cuando las necesitan pero quieren desterrarlas por rebeldes o por autosuficientes.
   Afortunadamente son conscientes de que son más los hombres que creen y quieren prosperidad para toda la sociedad y sus componentes que los pretendidos machitos delatados por sus propios miedos e inseguridades. Son pocos pero latosos.
   Desde aquí las animo a todas ellas a seguir hacia adelante.
   A no desistir.
   Nadie dijo que fuera fácil ser mujer en esta sociedad y vosotras lo sabéis.


   "Soy mujer.
   Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de   aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero." (Alejandra Pizarnik).

miércoles, 27 de noviembre de 2013

VIVO


  Vivo en una ciudad, donde los gobernantes se empeñan en dar la espalda a la realidad.
   Prefieren no verla.
   Miran a cualquier otro lado antes que buscar soluciones a las reivindicaciones de la gente. A los   problemas. Lejos de ello, sólo contribuyen a aumentar los que ya existen. Los pobres, cada vez más pobres. Gente a la que le cuesta sangre, sudor y lágrimas dar de comer a sus hijos. Personas cuyo día a día transcurre en un ir y venir constante de administración en administración, en busca de ayuda, porque de una les remiten a otra. Como si fueran pelotas en vez de personas.
  Vivo en una ciudad donde te odian por decir las verdades. Te llaman demagoga por hacerlo. Te crucifican. Propios y ajenos. El sentido de la crítica, evidentemente constructiva, está perdido, en el limbo y lo que a unos nos supone un ejercicio necesario para poder vivir con la conciencia tranquila, es convertido en un objetivo a batir por otros. Cuestión de intereses. Cuestión de miedos.
   Vivo en una ciudad donde se organizan actos contra la violencia de género, contra las desigualdades. Contra las desigualdades entre hombres y mujeres de este supuesto primer mundo; mientras tanto, en el perímetro fronterizo se viven verdaderas atrocidades, cometidas sobre todo contra mujeres, con la vista gorda de los mismos que dicen que las mujeres no estamos solas. No.
Qué va.
Estamos acompañadas de tipos que insultan. Empujan. Pegan. No puedo evitar pensar que podría ser una de ellas. Cuestión de haber nacido unos kilómetros más para allá.
   Vivo en una ciudad donde el dolor ajeno se ha normalizado. Las penas de los demás, resbalan. El conmigo o en mi contra está más de moda que nunca.
   Vivo en una ciudad donde observo atónita que día a día la resignación ante las injusticias nos absorbe.
    Mafalda diría aquello de "paren el mundo que me bajo".
   Yo no me quiero bajar. Se lo debo a mis hijos. A los tuyos. No nos podemos resignar. Prefiero perseverar en los intentos con lo único que tengo, lo único que tenemos: ILUSIÓN
 
  

domingo, 17 de noviembre de 2013

OLVIDADOS


   Hay capítulos de la historia que, por diferentes motivos, parecen condenados al olvido. Sin embargo, mientras haya quienes los recuerden no perecerán definitivamente.

   Tal es el caso de los bisabuelos, abuelos y padres de miles de ceutíes que formaron parte de las fuerzas regulares indígenas. Personas que se vieron en el frente de batalla durante la Guerra Civil para matar o morir. Eran carne de cañón, escudos humanos y por eso se les situaba en la primera línea de fuego. Muchos de ellos no habían visto un arma en su vida. Eran jornaleros en sus respectivos pueblos tal y como se apuntaba en sus hojas de filiación, poco antes de reseñar el color de su piel,  su edad o su religión (mal denominada mahometana en esas fichas)

    Paralelamente, sus mujeres, más olvidadas que ellos si cabe, tuvieron que sacar adelante a sus familias como podían. Desde trabajar en las casas de los señores, en las fábricas a coser para sacarse algunas perras.

    La situación no mejoró cuando regresaron sus maridos (los que regresaron) muchos de ellos mutilados o con impedimentos físicos para volver a trabajar después de haber servido a la patria durante décadas. Fueron literalmente usados para combatir cruelmente y sin importar el resultado a quienes les dieron un arma y los pusieron a luchar en una guerra que no era la suya.

   Quienes no regresaron dejaron viudas e hijos a los que la realidad daba la espalda con pensiones, en el mejor de los casos, indignas para quienes habían dejado sus vidas en el frente. Pensiones que ni se revalorizaban. Estas, y algún que otro pequeño acto público absolutamente insuficiente fue todo lo que les quedo. Ni bastones de oro ni reconocimientos.

El día a día de quienes volvieron, los condenaba al ostracismo absoluto.

Al  chabolismo.

A la pobreza absoluta.

A la dependencia de la buena voluntad, de la caridad y de la beneficencia. De nada servían las condecoraciones ni las medallas de sufrimiento por la patria en esos tiempos. Al menos no a los indígenas.


   Sin embargo, nos transmitieron de generación en generación sus vivencias. Sus penurias y desgracias. Pero si hay algo que nos han transmitido a muchos, es su espíritu de lucha. Su superación diaria. La suya y la de sus viudas que son auténticos ejemplos de que cuando no se tiene nada que perder, sólo queda el esfuerzo para salir adelante.


   Su experiencia no debe caer en saco roto.

   El respeto a sus memorias, tampoco.

martes, 24 de septiembre de 2013

BUSCANDO NUESTRO SITIO

   Para algunos, soy conservadora.
   Para otros, demasiado moderna.
   Para algunos, soy demasiado rebelde.
   Para otros, demasiado sumisa.
   Para algunos, soy inferior por ser mujer.
   A otros, mi seguridad les inspira inseguridad
   Lo que yo siento y expreso en este sentido, nos ha ocurrido a todas en un momento u otro de nuestra vida.
   Constantemente expuestas a miradas y opiniones. Y por supuesto a prejuicios.
   Nadie nos advirtió de lo difícil que es, a veces, ser una misma.
   Tener opinión, criterio y decisión propia.
   Una más. Es lo que me considero. Una mujer más en un grupo social como es el de nuestra ciudad en el que hay mucho que hacer para salir adelante.
   Aunque es evidente, soy musulmana. Como miles. Y como miles, creo perfectamente compatible mi fe con mi nacionalidad.
   Siempre he respetado absolutamente las opiniones, creencias, ideologías y gustos de quienes me rodean. Pero muchas veces no he sentido esa reciprocidad. Muchas veces sentía que tenía que justificar o explicar algunas cosas. Nada que no arreglen los años. Y las experiencias.
   Tengo, tenemos, nuestra propia voz.
   Tenemos nuestra propia opinión.
   Representantes, los justos y necesarios. Ni uno más.
   Para mi, y para miles, las normas de Alah, son perfectamente compatibles con las de nuestro país.
   Sin complejos.
   Conforme a las primeras intento regir mi vida, mi forma de entenderla. Es lo que quiero y soy libre, AlhamduliLah, para ello. Las segundas también forman parte de mi día a día, entre otras cosas porque trabajo con ellas.
   Nuestros padres, principales interesados en vernos bien y felices, nos trasladaron desde pequeñas los principios de nuestra religión.
   Pero también que la vida no es ningún camino de rosas y que hay que trabajar duro.
   Muy duro.
   Nos enseñaron a tener nuestra propia opinión y a defenderla con respeto siempre.
   Nos transmitieron las bondades de nuestra fe, como hacen muchos otros padres.
   Me enseñaron, como a muchas, a no agachar la cabeza ante las injusticias (ni ante los injustos) y a intentar combatirlas con todos los medios a nuestro alcance.
   A no permitir que nadie nos levante la mano ni en broma.
   Las musulmanas, como muchas otras mujeres, no nos sometemos a las personas.
   La formación y el conocimiento son fundamentales en nuestro avance social. Son las armas principales para combatir la ignorancia. Y la manipulación. Del tipo que sea y venga de donde venga.
   Sin embargo, como hoy me ha vuelto a recordar una amiga, decía Gandhi que "Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena." Así que no puedo ni quiero consentir que se criminalice a la población musulmana a consecuencia de un comentario difundido en las redes, curiosamente en un primer momento por diarios nacionales muy cercanos a la derecha.
   No entiendo por qué resulta tan fácil generalizar respecto a todo un colectivo que no es responsable de las individualidades ni de los errores que cometen las personas. Cada vez que se hace, surgen miles de salvadores y salvadoras que, inconscientemente, ponen de manifiesto sus prejuicios.
Entérense: Ni las musulmanas tenemos que callar ante ningún signo de malos tratos, ni los musulmanes son potenciales maltratadores.
  
  
  

  
  
  
  
  

jueves, 7 de marzo de 2013

LUCHADORAS

Trabajadoras. Valientes. Organizadas.Organizadoras.Sacrificadas....la lista de adjetivos que podría atribuir a las mujeres que conozco no tiene fin. Es tan larga como detractores tenemos quienes creemos en la igualdad. 
Porque los tenemos.Además de diferentes estilos: Desde quienes abiertamente reconocen estar convencidos de que las mujeres no servimos más que para traer hijos al mundo a quienes de modo sutil e hipócrita dicen creer en la igualdad pero sus actos demuestran lo contrario.
 Y aún así nosotras no nos doblegamos. Somos resistentes. Pacientes. Conscientes de que algún día llegará la igualdad que reclamamos y que no es más que la que por justicia nos corresponde.
Si tuviera que utilizar sólo una palabra, sin duda sería luchadoras. Para ello es fundamental la complicidad entre nosotras y la unión en su defensa. En la defensa de aquello que sólo puede beneficiar a toda la sociedad y que, aunque tarde en llegar, merece la pena luchar y soñar con ese ideal.
A fecha de hoy,7 de marzo de 2013, no hemos avanzado tanto como deberíamos. Ni como quisiéramos. Siguen existiendo prejuicios que desmontar. Derechos que reivindicar. Desigualdades que denunciar....
La lucha sigue estando viva. Más viva que nunca. Sigue siendo imprescindible. Solo nuestro sacrificio podrá permitir que otras se encuentren el camino un poco más andado. Por ellas y por tod@s sólo nos queda seguir adelante. 
Seguir caminando y si no existe sendero...inventarlo.
 
  

viernes, 8 de febrero de 2013

CAMINANTES DE LA VIDA

Tenía este espacio ligeramente abandonado pero no por voluntad propia, si no por imposibilidad de disponer de unos minutos en los que continuar reflejando y compartiendo mis pensamientos. Me río sóla muchas veces de mi misma y de la vida tan estresada y estresante que llevamos muchas mujeres, seguramente, la mayoria.
Obligaciones familiares, profesionales, académicas, sociales...y que apenas nos dejan espacio para disfrutar del silencio, del de Depeche Mode, o del de cualquier otro.
Querer superarnos a nosotras mismas como personas, como mujeres.
Querer estar siempre al pie del cañón, reivindicando, en las calles, en las universidades, en los puestos de trabajo, en nuestros círculos, en el mundo...Las voces de las mujeres cada vez se escuchan más alto, fuerte y claro, a pesar de todo...
A pesar de los obstáculos y de las trabas que nos vamos encontrando y que, una vez superadas alimentan nuestra autoestima y que, si no pueden ser superadas, también la alimentan, porque nos dan una lección en un mundo en el que siempre seremos aprendices.
A pesar de las críticas y comentarios, sean venenosos, crueles o malintencionados es difícil que hagan realmente mella en nuestro espíritu.
Al contrario, aunque a veces tengamos un impulso inicial de reaccionar visceralmente, en el momento que se reflexiona, vemos un poco más allá de las palabras y hasta las interpretamos más por lo que pretendían que por lo que decían.
Tal vez sea la edad, asociada a la madurez que la acompaña de un modo tan natural como inevitable, la que hace que se aprenda a vislumbrar y distinguir lo realmente importante de lo secundario. Lo importante, es el camino que recorremos, el aprendizaje que adquirimos de todas nuestras experiencias, el enriquecimiento humano e incalculable y lo secundario, son todas las piedras, las flores con espinas y las arenas movedizas que encontramos en él...
Y sinceramente, nada como contemplar el enorme esfuerzo de otras mujeres que nos rodean para insuflarnos de energía suficiente para continuar recorriendo nuestro propio camino que, al menos el mío, recorro paralelo al de otras muchas, con los pies en la tierra y la mirada en el cielo y dispuesta a dar lo mejor de mi en todo lo que pueda...
PD de complicidad: Soy consciente de que esta entrada puede resultar algo cursi :)
 

miércoles, 16 de enero de 2013

CÉLEBRES MISÓGINOS

  Es evidente que el machismo no es ningún "regalo" contemporáneo.
  Se remonta a muchísimos años atrás, siglos, aunque eso no es óbice para que se mantenga bien agarrado y arraigado a la actualidad.
   Me gusta leer citas célebres.
   Me encanta.
   Pero cada vez que me pongo a leer citas célebres sobre mujeres, una gran indignación me invade. Tanto, que acabo cerrando la página y refunfuñando conmigo misma.
   Así es la historia. Escrita siempre por los vencedores. Y por algunos misóginos claro (lo que supone un odio y/o aversión a las mujeres despreciándolas (nos) a todas por igual como género y a todo lo considerado femenino).
  Misóginos altamente contaminantes de cuanto les rodea en ese sentido. Comparto por aquí algunas frases ejemplificadoras para que me entendáis, para que entendáis mi indignación, pero sin que lleguemos a vomitar.
   Eurípides, poeta trágico griego (485AC-406AC) decía que "no hay en el mundo nada peor que una mujer, excepto otra mujer". Sobra decir la consideración de las mujeres en ese entonces, y sobra hablar del concepto de lo bello de los griegos.
   Otro. Napoléon. El estratega. El acomplejadísimo. Decía él que "las mujeres no son más que máquinas de producir hijos". Tremenda manera de reducir a un ser humano. Sinceramente: repugnante.
   Molière dijo que "por muchas razones no es bueno que la mujer estudie y se forme". Supongo que la fundamental era la de tenerla siempre manipulada a su antojo y reducida a objeto decorativo. Aunque eso, los del objeto decorativo lo dijo expresamente el "gran" Oscar Wilde: "las mujeres son sólo un sexo decorativo". Para él, como para muchos, las mujeres eran (habrá quien crea que aún lo somos) mero estandarte o bonito florero.
   George Pompidou (1911-1974) dijo en su momento que "hay tres maneras de arruinarse: las mujeres, el juego y los técnicos".
   Otros "eruditos" como William Faulkner (1897-1962) decían que "las mujeres no son más que órganos genitales articulados y dotados de la facultad de gastar todo el dinero del hombre". Mis ojos como platos ante semejante burrada. Porque hay que ser burro para pensar así. Pero para pensarlo y decirlo hay que ser requeteburro.
   Jardiel Poncela también se lució en más de una ocasión, diciendo por ejemplo que "la mujer es como los autos, a la vejez es cuando más se pintan". Suena a la típica gracia entre amigotes. Pero no tiene ninguna. Y no lo era. Era el retrato de su manera de ver a la mujer.
    Y para terminar (porque quien no haya vomitado aún debe estar a punto) Gustave Flaubert, célebre escritor francés que dejó dicho para la posteridad: "La mujer es un vulgar animal del que el hombre se ha formado un ideal demasiado bello"
   ...Supongo que, a todos ellos, y a los que piensan así, los parió una rana.

lunes, 14 de enero de 2013

TENDENCIAS RETRÓGRADAS


   Podría calificarse así algunas de las que están surgiendo a nivel internacional en temas referentes a la mujer. Entre ellas, cabe mencionar los nuevos planteamientos basados en críticas destructivas acerca de lo que hacemos y de lo que no. Opiniones sobre si somos lo suficientemente buenas madres,  sobre trabajar, dejar el trabajo para atender a la familia, tener hijos, no tenerlos, tenerlos pronto, tenerlos tarde, o que los intentos de cambio son causas perdidas no son más que una pequeña muestra de ello.

   Ciertamente son críticas que siempre han existido en todas las sociedades y muchas veces han sido las impulsoras de distintos movimientos revolucionarios. Esta corriente que dará que hablar a lo largo del 2013 viene de un país que se considera a sí mismo adalid del desarrollo social, Estados Unidos,  en el que ese supuesto desarrollo no ha impedido la existencia de la pena de muerte. Incluso su presidente, que saca todo el rédito posible a la imagen de su mujer, prescinde de ellas (nosotras) a la hora de rodearse de asesores. Es más, apenas un 29% de las mujeres norteamericanas se declara partidaria de la igualdad (y feminista por tanto).

Pero lo novedoso y más dañino de esas críticas es que provienen de otras mujeres alimentadas, posiblemente a partes iguales, por una especie de odio o complejo singular a su propia naturaleza y por otro lado por su incapacidad de prosperar por méritos propios. Son los nuevos modelos de ser trepa que algunos avispados (y avispadas) aprovechan para su propio rédito.

Contento estará más de uno.

 ¿Quién mejor para intentar hacer válidas unas críticas que alguien que supuestamente está en el mismo equipo? Mujer contra mujer en el sentido literal de la expresión.

¿Y por aquí, a este lado del mundo? Pues por lo pronto tenemos un gobierno destructor y aniquilador de derechos (porque recortar es un verbo que se les ha quedado pequeño) y que se ceba en la reducción de derechos en general y de los recursos en materia de igualdad con la clara finalidad de retornarnos a las mujeres a la esfera de lo invisible en particular. Sutilmente, claro, y con la connivencia y complicidad de algunas mujeres que miran más por el interés personal que por el general.

 Sin embargo hay una diferencia sustancial y fundamental con respecto a la sociedad anteriormente mencionada y no es otra que el carácter rebelde de la mayoría de las españolas. Bendita rebeldía.  ¿Qué mejor manera de luchar contra aquello que nos intenta oprimir hasta asfixiar que mostrando nuestra disconformidad, reivindicando lo justo y alejándonos progresivamente de la sumisión a la que otros nos pretenden doblegar?

Criticar a las mujeres es un juego relativamente fácil, igual que lo es manipular a unas pocas para que hagan lo que quieren unos cuantos. Ser mujer con todo lo que ello conlleva es el verdadero reto.
 
 

lunes, 7 de enero de 2013

TAN LEJOS, TAN CERCA


Cualquier lucha suele dejar tras de sí víctimas. Algunas emocionales. Otras mortales. La lucha por la igualdad no es en absoluto ajena a ello. En algunas partes del mundo se nos sigue considerando, a las mujeres, poco más que objetos a disposición de cualquiera que quiera hacer uso y abuso de nosotras ante la mirada pasiva de la mayoría, que lo ha asimilado como algo habitual. Como algo contra lo que no se puede hacer nada. A veces son usos implícitos y sutiles. Otras, violentamente explícitos. Y lo que es peor aún, suponen para determinados individuos una lección de quién manda.

En algunas partes del mundo, las mujeres luchamos por cobrar lo mismo cuando desempeñamos el mismo trabajo. En otras, por poder conducir. Algunas pedimos igualdad de oportunidades…. A fin de cuentas, todas esas reivindicaciones no son, ni más ni menos, que un grito con el que se pide respeto.

La joven india muerta estos días como víctima de la violación a la que le sometieron seis bestias es un ejemplo de esa lucha que llevan a cabo tantísimas mujeres en el mundo. Luchar por poder salir a la calle sin miedo. Tan simple. Tan complicado. Lo que le ocurrió a la paquistaní Malala hace unos meses, también. En Estados Unidos, también suceden este tipo de hechos, el más reciente, la violación de una menor por parte de varios componentes de un equipo de fútbol. Y nisiquiera hace falta irnos tan lejos. Recién estrenado el año ya tenemos que lamentar el fallecimiento en nuestro país de una mujer que ha perdido la vida degollada por quien se creía su legítimo dueño.

A veces hay quienes incluso pretenden subestimar y ridiculizar a las mujeres y a todas las personas que creen en la igualdad porque existen problemas más importantes. Como si la lucha por una igualdad efectiva entre todas las personas no fuera también importante y fundamental para el desarrollo social de cualquier pueblo.
Hoy, posiblemente más que ayer, es imprescindible que nos erijamos en defensoras y defensores de la igualdad en la sociedad y luchemos, cada cual en la medida de sus posibilidades, para dotar a la sociedad de una base más sólida y firme; una base que debe construirse desde la igualdad y para la igualdad.


Ante los que, en cualquier parte del mundo, continúan despreciando a las mujeres e intentando utilizarlas y manipularlas para su propio beneficio, sólo cabe que día a día esas mujeres tengan claras sus propias ideas, convicciones y decisiones, y sean más trabajadoras, luchadoras y constantes que nunca para poder alcanzar el objetivo del que todos nos beneficiaremos: el de la igualdad.


Frente a las personas que critican con el único afán de alimentar la desgana y la desilusión, sólo cabe hacer oídos sordos y continuar trabajando para demostrarles su error.
Porque de lo que no se es consciente muchas veces es de que los ultrajes, sean del tipo que sean, fomentan la rebelión de muchas mujeres que acaban sacando fuerzas aun cuando creían que ya no las tenían para seguir luchando. Por ellas. Por todas. Por todos en definitiva.

 

 

viernes, 7 de septiembre de 2012

Mujeres difuminadas por los siglos...

S. XXI: Socialmente hay quienes insisten en fomentar la idea de la sumisión de las mujeres musulmanas, ignorando grandes protagonistas de la Historia como  Aixa Bint Muhammad Aben Al-Ahmar (o Fátima, según algunos autores),  apodada «la Horra» («la Honesta»), reina de Granada, esposa de Abu Hasan (Muley Hacem) y madre de Boabdil, vivió en la segunda mitad del siglo XV. Procedía de la familia real de Granada, gozaba de considerable patrimonio y prestigio por sí misma y fue, sin duda, una de las personalidades femeninas más célebres de la historia de Al-Andalus, participando activamente en la resistencia de Granada contra los Reyes Católicos.  La leyenda le atribuye la famosa frase de recriminación contra su hijo: "Llora como mujer lo que no supiste defender corno un hombre".
Durante unos veinte años fue la sultana consorte de Abu Hasan, con el que tuvo dos hijos varones, Boabdil y Yusuf, y una hija llamada también Aixa. Pero el sultán se enamoró de una esclava cristiana llamada Isabel de Solís, que tomó el nombre de Soraya al convertirse al Islam, y con la que tendría dos hijos varones, hasta tal punto que acabó por desbancar a Aixa de la condición de sultana y confinarla en habitaciones menos regias.
Hacia 1484, los celos, la rivalidad entre Aixa y Soraya, el temor por la sucesión de sus hijos, junto con la desconfianza ante las intenciones del sultán, instaron a Aixa a participar, con la facción aristocrática de los Abencerrajes, en una conspiración para destronar a su esposo y poner en su lugar a su hijo Boabdil. Tras liberar a éste de una de las torres de la Alhambra, donde su padre lo tenía preso, Aixa incitó a Boabdil y su hermano Yusuf a huir a Guadix, donde el primero fue proclamado rey. Poco después, tras una sangrienta guerra civil, el 5 de julio de 1482, Boabdil era proclamado rey de Granada. Aixa volvió a intervenir con tenacidad y firmeza en 1483, cuando su hijo cayó prisionero de los cristianos en la batalla de Lucena, y ella negoció su liberación. Poco se sabe de su vida en los siguientes años, pero debió de seguir -y de implicarse muy de cerca en los agitados y decisivos acontecimientos que estaban teniendo lugar en Granada: las pretensiones al trono de El Zagal, su cuñado, y el hostigamiento constante de las tropas cristianas. Aixa se convirtió en el alma de la resistencia contra éstas.
Cuando la ciudad se rindió a los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492, Aixa partió al exilio con su hijo, primero al señorío de Andarax, en la Alpujarra, y después, en octubre de 1493, a la ciudad marroquí de Fez, donde seguramente le sobrevendría la muerte.
Mujer enérgica y de carácter fuerte y acusada personalidad, el retrato que de ella hacen las fuentes castellanas es el de una persona de arrebatos pasionales y genio viril. En realidad, fue una mujer capaz de tomar importantes decisiones que influyeron en la evolución política del reino, con el fin de asegurarse la sucesión de su hijo primogénito al trono de la Granada nazarí. En suma, Aixa luchó por sus derechos y los de sus hijos con una firmeza inusual en una mujer del siglo XV, una lucha que la literatura romántica convirtió en un drama de pasiones, celos y venganzas...
¿Por qué no se recordará a mujeres como ella?




martes, 22 de mayo de 2012

"Ni sumisas ni manipulables"

 En el año 2007 comencé a participar con modestas colaboraciones en los medios de comunicación de Ceuta.
 Hoy, cinco años después, quiero volver a compartir con las personas que leéis mis opiniones la primera que publiqué:



"No suelo distinguir entre las creencias de cada cual, pero a la vista de las tristes polémicas que pululan últimamente entre nuestra sociedad me veo “obligada” a señalar algunas cosas que para mi, y creo que para much@s, son obvias.
Pues sí, aunque a muchos les cueste creerlo, las musulmanas (las españolas, que son las que mejor conozco) de hoy en día no somos ni sumisas ni manipulables, es más, me ofenden y me hieren esos adjetivos.
Luchadoras, trabajadoras, activas y un larguísimo etcétera de adjetivos que no hacen más que significar lo importante que es para nosotras participar en todos los ámbitos de la vida diaria que nos afectan, como a la mayoría de las mujeres de hoy en día. Y por supuesto, sin descuidar otras parcelas tales como familia, amistades o compromisos sociales.
No entiendo cómo es posible que se den polémicas acerca del uso del tan mencionado pañuelo. No voy a dar ninguna explicación de los motivos de su uso para algunas mujeres porque no tengo por qué hacerlo. Lo que diré hasta la saciedad, aunque empiezo a cansarme de hacerlo, es que, cada cual puede creer en lo que quiera, o en nada, y hacer lo que le plazca, respetando siempre a los demás, por supuesto, que para eso vivimos en un estado democrático y aconfesional.
El hecho de que una mujer lleve un pañuelo en la cabeza no es sinónimo de ser analfabeta, inculta o sumisa. Vivimos en la sociedad de la información, ¿alguien cree que hoy en día nos pueden obligar a hacer algo contrario a nuestra voluntad ?, ilusos.
Con todos los problemas que nos afectan en general como el problema de la vivienda, las elevadas tasas de desempleo, fundamentalmente femenino y juvenil, el fracaso escolar, las dificultades de nuestra ciudad por superar la “crisis” económica que atravesamos, etc, etc, etc, sólo nos quedaba segregar más a esta sociedad.
A las mujeres, a todas, nos ha costado mucho sacrificio y trabajo alcanzar nuestra situación actual, es decir, obtener una formación o incorporarnos al mercado laboral, aunque aún nos quedan muchos frentes abiertos, como por ejemplo, las importantes diferencias salariales entre hombres y mujeres dentro de la empresa privada o poder alcanzar esa ansiada conciliación entre la vida familiar y la profesional.
Finalmente, diré, que como también es obvio, no vamos a decaer en el intento, continuaremos trabajando duro para alcanzar lo que para algunos está más que logrado desde hace años".

lunes, 6 de febrero de 2012

Rompiendo estereotipos

   Ese es uno de los objetivos fundamentales de muchas musulmanas en el mundo. Romper los estereotipos y roles que se han ido construyendo y alimentando a lo largo de muchos años en un intento por relegar a un segundo plano a las mujeres de religión musulmana. Hartas de ver cómo desde los medios de comunicación y desde varios grupos de poder, tanto occidentales como orientales, muchas veces se transmitía la imagen de mujeres sumisas, analfabetas y pasivas el vaso de la paciencia se llenó y en diferentes partes del mundo se dijo: Basta!
   Basta de ofrecer imágenes distorsionadas y sectarias de la realidad.
   Basta de mezclar la religión con interpretaciones patriarcales e interesadas.
   No puedo cuantificar cuántas mujeres de religión musulmana hay en el mundo que se dedican a la medicina, al derecho, a la enseñanza, a la política, a los negocios y que además, lo hacen con éxito. Sin embargo todos sabemos que, desgraciadamente, el término musulmana se asocia a ideas y conceptos negativos. Y lo peor de ello, es la búsqueda de una justificación religiosa inexistente.
   Todo ello ha sido el detonante de un movimiento calificado como feminismo islámico en el que todas las mujeres musulmanas tienen un papel eminentemente protagonista. Toca poner de manifiesto la lucha por la igualdad de miles y miles de mujeres, que poco a poco, lo están consiguiendo.
   Como siempre, la unión hace la fuerza y existen varias asociaciones y entidades que buscan la manera de hacer más fuerte su reivindicación. Una de esas entidades, que desarrolla una encomiable labor a nivel internacional, es GIERFI, grupo internacional de estudio y reflexión sobre la mujer en el Islam, compuesto por relevantes mujeres de diferentes países con una lucha y un objetivo común: Visibilizar el importante papel que desarrollan las mujeres musulmanas a la vez que contribuyen en la lucha por la igualdad de género. Ello, unido a que sabemos que durante años se ha construído un falso discurso misógino asociado al Islam, supone un gran reto.
  Conocer el perfil de las mujeres que forman GIERFI deja perplejo a cualquiera que siga teniendo ese concepto añejo y rancio del papel de las mujeres musulmanas en la sociedad del siglo XXI.
   A todas nos ha tocado vivir un momento de la historia en el que las reivindicaciones deben ser nuestro leit motiv. Reivindicamos nuestro derecho a participar en igualdad de condiciones que nuestros compañeros, a desempeñar nuestros trabajos desde un primer plano y a que no se ignoren nuestras ideas y reflexiones. En definitiva, reivindicamos nuestro lugar en el mundo y a que ese lugar, deje de estar escondido o tapado.
   En cualquier parte del mundo, ahora mismo, hay una mujer musulmana muy orgullosa de serlo y dispuesta a esforzarse el doble aunque sólo sea para llegar la mitad de lejos.
 
 
 

domingo, 8 de enero de 2012

Las mujeres después de las revoluciones

   Con la primavera árabe han aflorado en el mundo muchísimas mujeres dispuestas a luchar por mejorar la situación de sus países y ciudades. Durante las revoluciones es cuando sale el espíritu verdaderamente reivindicativo de cada ser, el inconformismo con las situaciones que vienen azotando a los pueblos y el compromiso de cada uno y cada una con su tierra. Sin duda, las mujeres han protagonizado muchísimos capítulos en ese sentido durante el 2011 y los seguirán protagonizando. Muestra de ello, las tres premios Nobel de la Paz de las que para mi destaca la yemení Tawakul Karman, periodista, política y activista donde las haya.   Pero es cuando se vislumbra el fin de la revolución y comienzan a formarse los gobiernos democráticos cuando podemos sopesar realmente las consecuencias de las revoluciones.
   A estas alturas, tod@s somos conscientes de la capacidad de trabajo, formación y entrega de las mujeres, en igualdad de condiciones con los hombres. Sin embargo, a la hora de materializar esa igualdad sigue quedando mucho por hacer puesto que muchos de los gobiernos recientemente formados apenas cuentan con mujeres en puestos de mando y se las continúa relegando a estar en un segundo, tercer y cuarto plano por detrás de sus compañeros.
   Sin duda alguna, hoy más que nunca, queda mucho por hacer.
   Lo haremos.
   Feliz año.

viernes, 11 de noviembre de 2011

RARA AVIS

Este es el artículo, publicado también en webislam, que me sirvió para dar título a este blog:


Si al hablar intentas decir algo pero mezclando conceptos totalmente distintos, el resultado puede ser, si se me permite la expresión, una especie de mejunje, que da lugar a críticas. Y supongo que eso es lo que le pasaría a la Ministra de Igualdad la semana pasada cuando en su intervención acerca del papel de las mujeres en la alianza de civilizaciones mezcló culturas con creencias religiosas y procedió a criticar que “los hombres árabes o musulmanes (sin tener en cuenta que uno y otro término no tienen por qué ir indisolublemente unidos) que residen en España puedan vestir al “modo occidental” mientras las mujeres llevan el velo y vestidos largos”.
Supongo que las españolas no entramos dentro de su afirmación (¿o sí?) ya que la Ministra sabe que no todas las personas de nacionalidad española somos de religión cristiana, apostólica y romana, sino que en nuestro país hay gente de distintas creencias o que prefiere no creer en nada. Cada cual es libre de creer en lo que quiera, al menos según la Constitución.
Pero hay algo que se debería de tener presente, y es, que la fe no es discutible, o al menos yo así lo entiendo, ya que pertenece a la subjetividad de cada individuo. Siempre y cuando no perjudique a los demás por aquello de que mi libertad acaba donde empieza la de mi vecino. Tal vez por ello lo esencial es el respeto. ¿Qué más da cómo se vista cada cual si sabemos que lo hace dentro su libre y propia elección? ¿Tiene alguna repercusión sobre los demás que la persona que esté a nuestro a lado lleve un velo en la cabeza, o un piercing en la nariz, o una cresta rosa al más puro estilo punky? Sinceramente, creo que no. Lo verdaderamente preocupante son las tasas de desempleo que junto a la economía son los asuntos más preocupantes que afrontamos, y visto desde una perspectiva de género, que las mujeres seguimos percibiendo salarios notablemente inferiores a los de nuestros compañeros masculinos en el desarrollo de los mismos trabajos, algunas tienen que convivir con la amenaza de sufrir cualquier tipo de violencia sobre ellas, continuamos disponiendo de muchas menos horas para nuestro ocio, y en definitiva, lo de conciliar sigue siendo una tarea más que difícil para las que no queremos renunciar a nada. Estos asuntos nos afectan a todas por igual, sin ninguna distinción, y son susceptibles de mejora porque supondrán la mejora de toda la sociedad española actual y de la futura.
No sé qué pensará la Ministra de una mujer que defiende la Constitución y las leyes (como ella), que viste “al modo occidental”, que defiende los intereses de la ciudadanía y que a la vez lleva un pañuelo en la cabeza, pero espero que no piense que es una “rara avis”.



http://www.webislam.com/articulos/33886-rara_avis.html

sábado, 5 de noviembre de 2011

Mujeres: movimiento hacia el cambio

MUJERES: PROTAGONISTAS DEL CAMBIO
Realmente las mujeres siempre han protagonizado o coprotagonizado los cambios sociales en distintas épocas históricas. La revolución industrial supuso uno de esos momentos desde que precisó la demanda de un mayor número de mano de obra para trabajar en las fábricas aunque sometidas a unas condiciones laborales infrahumanas y percibiendo salarios más bajos que los de los hombres, que ya de por sí, eran bajos. La incorporación a las universidades y al mercado laboral traería consigo la nueva era de una rebeldía social hacia la posición de las mujeres que hasta esa fecha venía siendo habitual.
Recientemente hemos podido ver a las mujeres participar en el devenir histórico de sus países desde que se desatara la primavera árabe. Se han manifestado, movilizado y participado activamente para reivindicar cosas tan simples y tan grandes como la libertad y la dignidad del ser humano. Ejemplo de esas mujeres han sido las tres recientes premios Nobel de la Paz de este año entre las que está la activista yemení Tawakul Karman. Además de revolucionarias en sus países, estas mujeres suponen una bofetada sin manos para todas aquellas personas que durante años han insistido en presentar a las mujeres como meras observadoras pasivas. Nada más lejos de la realidad. Cualquier ser humano, antes o después, siempre termina rebelándose contra las injusticias, y las mujeres, además de resistentes son valientes.
Pero no nos auto engañemos. Aún queda mucho por hacer en todo el mundo y no sólo durante las reivindicaciones propias de dos días concretos al año (ocho de marzo y veinticinco de noviembre). Si bien esas mujeres han protagonizado los cambios sociales, junto a sus compañeros, ahora se hace necesario que estén reflejadas y representadas en los espacios públicos para tener participación en la toma decisiones y para ser más visibles. En caso contrario, de poco serviría la lucha.
Además de ello, es obvio que no todas las revoluciones son o deben ser como las mencionadas. Las revoluciones sociales cuyo objetivo es la búsqueda de la utópica y ansiada igualdad entre mujeres y hombres exigen una implicación de ambos aunque es evidente que, siendo las mujeres las que en muchos contextos nos encontramos en situaciones de desigualdad, seamos más reivindicativas al respecto. Y precisamente esa reivindicación implica también la importancia de ir acompañada de la concienciación acerca de lo fundamental de educar en igualdad.
    A diario escuchamos a muchas mujeres, que también son madres, quejarse de algunos comportamientos “habituales” sin darse cuenta de que a veces, ellas mismas están repitiendo y transmitiendo los mismos a sus hijos e hijas a riesgo de que sigan repitiéndose los mismos errores.
    Y viceversa, muchísimas mujeres dicen no querer que sus hijos o hijas repitan esos mismos errores y se convierten en verdaderas revolucionarias en el interior de sus casas intentando que sus hijas reciban la formación y tengan las oportunidades que ellas mismas no pudieron tener. Sin saberlo, se convierten así en las mejores embajadoras del feminismo en la búsqueda de la igualdad que, si bien, dan a veces por perdida para ellas, no pierden la esperanza de que las próximas generaciones tengan un contexto social más justo, equilibrado e igualitario entre mujeres y hombres.



lunes, 5 de septiembre de 2011

Todos los días son 8 de marzo


   En algunos foros de la Ciudad, y por extensión, del resto del país, cuando alguien habla de feminismo, se expone y arriesga a recibir algunas miradas, sonrisitas y cuchicheos, cuanto menos, de desprecio. Desprecio porque conciben el término feminismo como opuesto a machismo, cuando, como saben, el significado de ambos es muy dispar, ya que mientras el segundo supone la superioridad del hombre sobre la mujer, y aparejadamente, suele llevar actitudes vejatorias para reivindicar esa superioridad (a la vez que pretende rebajar nuestra dignidad) el primer término, el feminismo, surgió como movimiento para la reivindicación de la igualdad, sin más, no habiendo intención por parte de ninguna feminista, de expresar la superioridad de la mujer sobre el hombre por el mero hecho de serlo (eso sería hembrismo, una actitud tan radical y criticable como la del machismo).
   Para disimular ese machismo, porque hoy en día está mal visto socialmente serlo, (como tantas otras actitudes) surgen nuevas formas de practicarlo que se alejan del discurso y se centran más en la acción, por ejemplo, ¿es normal que las empresas sigan pagando menos, por realizar el mismo trabajo, a una mujer que a un hombre? ¿Es normal que el que gobierna, tanto a nivel local como nacional, no ejerza  control, corrección o sanción sobre semejante injusticia? ¿es normal la pasividad y el pasotismo? La gran diferencia entre los salarios de hombres y mujeres (como tantas otras cosas) no debería dejarnos indiferentes, y sin embargo, apenas se observan reacciones. Múltiples reuniones, conferencias, foros, debates….para darnos cuenta de que efectivamente aún estamos muy lejos de la igualdad, menos que hace unos años, obviamente, pero aún lejanos; y lo que es peor, con una actitud, por lo general, pasota.
 Muchas han dado la batalla por perdida, muchas intentan continuar la lucha tropezando constantemente con obstáculos, muchas tienen la esperanza de que las próximas generaciones lo tengan más fácil, muchas tienen que elegir entre crecer en su trabajo o ser madres, y a casi todas, les remuerde a veces la conciencia cuestionándose si no están siendo demasiado egoístas en sus aspiraciones porque es como si esa conciencia fuese un chip que se activa automáticamente cuando entran en confrontación distintos intereses.
   Mientras, casi todo sigue igual, las que cobran menos que ellos no denuncian por miedo a perder el trabajo (entre otras cosas por lo difícil que es encontrar otro en tiempos de crisis), las que quieren desarrollarse a nivel profesional no tienen más remedio que renunciar, muchas veces, a tener una pareja estable y a tener hijos, y viceversa, mujeres muy inteligentes y sobradamente preparadas tienen que detener su crecimiento profesional para poder ser madres, la conciliación se queda, muchas veces, en una bonita palabra, y a pesar de todo ello, a muchos les parece ……….normal.
   Fechas como el ocho de marzo y el veinticinco de noviembre, sirven para que cada cual reivindique a su manera la lucha por la igualdad y para que algunos aprovechen la ocasión para aparecer en los medios de comunicación. Sin embargo, el resto de días del año hay quienes continúan con su actitud y mentalidad, que en la mayoría de los casos, se aleja del interés por la igualdad real, y así, día a día, nos siguen llegando situaciones en las que la pretendida igualdad efectiva de derechos, brilla por su ausencia.
   Determinadas reivindicaciones no pueden hacerse sólo un día de trescientos sesenta y cinco, sino que hay que tenerlas arraigadas y presentes todos los demás si pretendemos, sinceramente, cambiar la realidad más allá de simples mensajes testimoniales.
La lucha por la igualdad, en el más amplio sentido, debería ser una bandera a lucir a diario por cualquier persona y en cualquier ámbito si pretendemos mejorar como sociedad.

viernes, 5 de agosto de 2011

tirando de hemerotecas...

Hace más de 2 años este artículo de opinión publicado en la prensa local cruzó los océanos....

http://agendadelasmujeres.com.ar/index2.php?id=3&nota=7162

miércoles, 20 de julio de 2011

Hasta que la muerte nos separe

   Esta mañana ha sido asesinada una chica de 19 años en Granada a manos de su pareja de 20. Un hecho sin duda espeluznante se mire por donde se mire y que hace que una se plantee qué puede estar fallando en la sociedad para llegar a tales extremos.
   ¿Estamos verdaderamente concienciados de lo que supone la violencia de género? ¿Nos preocupa más a nosotras que a ellos? ¿Se hace lo suficiente por parte de las administraciones y agentes sociales para concienciar sobre la gravedad de estos hechos?
   Todas tenemos alguna amiga un poco mayor que nosotras que nos cuenta lo "normal" que era, hace algunos años, que tu pareja te diera una bofetada o te insultara si algo no resultaba de su agrado. Tan normal me dicen, que era casi ejemplo de la hombría y virilidad....
   lamentablemente, en muchas ocasiones constatamos cómo en la actualidad hay quienes siguen pensando de esa manera. Tanto hombres, que creen que su pareja es una posesión más y que tienen todo tipo de derechos sobre ella, como mujeres que siguen buscando alguna excusa para justificar el comportamiento animal de algunos...
   Algo que atrae tanto como el reggaeton se reduce en muchas ocasiones a un llamamiento- apología a los malos tratos con ritmo pegadizo. Muchas veces, jóvenes con l@s que he trabajado no eran conscientes de las letras hasta que les pedía un resumen de lo que habían oído, las risas eran inmediatas y a veces les parecía que les ponía los ejemplos más extremos para llamar su atención y para invitarles a debatir entre ell@s.
   Las bofetadas y los insultos no son muestra de aprecio ni de cariño en ninguna cultura, ni siquiera entre animales pero en la sociedad, siguen existiendo energúmenos a dos patas que no son comparables ni a la peor de las criaturas.
   

jueves, 16 de diciembre de 2010

¿QUÉ PASÓ POR EL CAMINO?

En todas las épocas y momentos históricos han existido mujeres que por su trayectoria, sus acciones y sus reivindicaciones pasaron a ser referentes actuales para otras muchas mujeres.

Allá por el siglo VII, hubo una mujer viuda, empresaria dedicada al comercio y a los negocios familiares, que contrató a un hombre joven, con bastantes años menos que ella, para transportar sus caravanas por el desierto. Transcurrido cierto tiempo, se casaron y fueron felices durante muchos años, hasta que ella falleció.

Ella era Jadiya Bint Juaylid, y Él, el profeta Mohamed (s.a.w.s.)

¿Crees que esos datos son el reflejo de una religión machista? ¿Qué ha pasado para que tantos siglos después cueste aceptar la capacidad laboral de las mujeres y su independencia? ¿Por qué se critica automáticamente a una creencia religiosa y se le ataca en vez de dirigir esas críticas hacia algunas interpretaciones de la fe musulmana?

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