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jueves, 7 de marzo de 2013

LUCHADORAS

Trabajadoras. Valientes. Organizadas.Organizadoras.Sacrificadas....la lista de adjetivos que podría atribuir a las mujeres que conozco no tiene fin. Es tan larga como detractores tenemos quienes creemos en la igualdad. 
Porque los tenemos.Además de diferentes estilos: Desde quienes abiertamente reconocen estar convencidos de que las mujeres no servimos más que para traer hijos al mundo a quienes de modo sutil e hipócrita dicen creer en la igualdad pero sus actos demuestran lo contrario.
 Y aún así nosotras no nos doblegamos. Somos resistentes. Pacientes. Conscientes de que algún día llegará la igualdad que reclamamos y que no es más que la que por justicia nos corresponde.
Si tuviera que utilizar sólo una palabra, sin duda sería luchadoras. Para ello es fundamental la complicidad entre nosotras y la unión en su defensa. En la defensa de aquello que sólo puede beneficiar a toda la sociedad y que, aunque tarde en llegar, merece la pena luchar y soñar con ese ideal.
A fecha de hoy,7 de marzo de 2013, no hemos avanzado tanto como deberíamos. Ni como quisiéramos. Siguen existiendo prejuicios que desmontar. Derechos que reivindicar. Desigualdades que denunciar....
La lucha sigue estando viva. Más viva que nunca. Sigue siendo imprescindible. Solo nuestro sacrificio podrá permitir que otras se encuentren el camino un poco más andado. Por ellas y por tod@s sólo nos queda seguir adelante. 
Seguir caminando y si no existe sendero...inventarlo.
 
  

lunes, 14 de enero de 2013

TENDENCIAS RETRÓGRADAS


   Podría calificarse así algunas de las que están surgiendo a nivel internacional en temas referentes a la mujer. Entre ellas, cabe mencionar los nuevos planteamientos basados en críticas destructivas acerca de lo que hacemos y de lo que no. Opiniones sobre si somos lo suficientemente buenas madres,  sobre trabajar, dejar el trabajo para atender a la familia, tener hijos, no tenerlos, tenerlos pronto, tenerlos tarde, o que los intentos de cambio son causas perdidas no son más que una pequeña muestra de ello.

   Ciertamente son críticas que siempre han existido en todas las sociedades y muchas veces han sido las impulsoras de distintos movimientos revolucionarios. Esta corriente que dará que hablar a lo largo del 2013 viene de un país que se considera a sí mismo adalid del desarrollo social, Estados Unidos,  en el que ese supuesto desarrollo no ha impedido la existencia de la pena de muerte. Incluso su presidente, que saca todo el rédito posible a la imagen de su mujer, prescinde de ellas (nosotras) a la hora de rodearse de asesores. Es más, apenas un 29% de las mujeres norteamericanas se declara partidaria de la igualdad (y feminista por tanto).

Pero lo novedoso y más dañino de esas críticas es que provienen de otras mujeres alimentadas, posiblemente a partes iguales, por una especie de odio o complejo singular a su propia naturaleza y por otro lado por su incapacidad de prosperar por méritos propios. Son los nuevos modelos de ser trepa que algunos avispados (y avispadas) aprovechan para su propio rédito.

Contento estará más de uno.

 ¿Quién mejor para intentar hacer válidas unas críticas que alguien que supuestamente está en el mismo equipo? Mujer contra mujer en el sentido literal de la expresión.

¿Y por aquí, a este lado del mundo? Pues por lo pronto tenemos un gobierno destructor y aniquilador de derechos (porque recortar es un verbo que se les ha quedado pequeño) y que se ceba en la reducción de derechos en general y de los recursos en materia de igualdad con la clara finalidad de retornarnos a las mujeres a la esfera de lo invisible en particular. Sutilmente, claro, y con la connivencia y complicidad de algunas mujeres que miran más por el interés personal que por el general.

 Sin embargo hay una diferencia sustancial y fundamental con respecto a la sociedad anteriormente mencionada y no es otra que el carácter rebelde de la mayoría de las españolas. Bendita rebeldía.  ¿Qué mejor manera de luchar contra aquello que nos intenta oprimir hasta asfixiar que mostrando nuestra disconformidad, reivindicando lo justo y alejándonos progresivamente de la sumisión a la que otros nos pretenden doblegar?

Criticar a las mujeres es un juego relativamente fácil, igual que lo es manipular a unas pocas para que hagan lo que quieren unos cuantos. Ser mujer con todo lo que ello conlleva es el verdadero reto.
 
 

lunes, 7 de enero de 2013

TAN LEJOS, TAN CERCA


Cualquier lucha suele dejar tras de sí víctimas. Algunas emocionales. Otras mortales. La lucha por la igualdad no es en absoluto ajena a ello. En algunas partes del mundo se nos sigue considerando, a las mujeres, poco más que objetos a disposición de cualquiera que quiera hacer uso y abuso de nosotras ante la mirada pasiva de la mayoría, que lo ha asimilado como algo habitual. Como algo contra lo que no se puede hacer nada. A veces son usos implícitos y sutiles. Otras, violentamente explícitos. Y lo que es peor aún, suponen para determinados individuos una lección de quién manda.

En algunas partes del mundo, las mujeres luchamos por cobrar lo mismo cuando desempeñamos el mismo trabajo. En otras, por poder conducir. Algunas pedimos igualdad de oportunidades…. A fin de cuentas, todas esas reivindicaciones no son, ni más ni menos, que un grito con el que se pide respeto.

La joven india muerta estos días como víctima de la violación a la que le sometieron seis bestias es un ejemplo de esa lucha que llevan a cabo tantísimas mujeres en el mundo. Luchar por poder salir a la calle sin miedo. Tan simple. Tan complicado. Lo que le ocurrió a la paquistaní Malala hace unos meses, también. En Estados Unidos, también suceden este tipo de hechos, el más reciente, la violación de una menor por parte de varios componentes de un equipo de fútbol. Y nisiquiera hace falta irnos tan lejos. Recién estrenado el año ya tenemos que lamentar el fallecimiento en nuestro país de una mujer que ha perdido la vida degollada por quien se creía su legítimo dueño.

A veces hay quienes incluso pretenden subestimar y ridiculizar a las mujeres y a todas las personas que creen en la igualdad porque existen problemas más importantes. Como si la lucha por una igualdad efectiva entre todas las personas no fuera también importante y fundamental para el desarrollo social de cualquier pueblo.
Hoy, posiblemente más que ayer, es imprescindible que nos erijamos en defensoras y defensores de la igualdad en la sociedad y luchemos, cada cual en la medida de sus posibilidades, para dotar a la sociedad de una base más sólida y firme; una base que debe construirse desde la igualdad y para la igualdad.


Ante los que, en cualquier parte del mundo, continúan despreciando a las mujeres e intentando utilizarlas y manipularlas para su propio beneficio, sólo cabe que día a día esas mujeres tengan claras sus propias ideas, convicciones y decisiones, y sean más trabajadoras, luchadoras y constantes que nunca para poder alcanzar el objetivo del que todos nos beneficiaremos: el de la igualdad.


Frente a las personas que critican con el único afán de alimentar la desgana y la desilusión, sólo cabe hacer oídos sordos y continuar trabajando para demostrarles su error.
Porque de lo que no se es consciente muchas veces es de que los ultrajes, sean del tipo que sean, fomentan la rebelión de muchas mujeres que acaban sacando fuerzas aun cuando creían que ya no las tenían para seguir luchando. Por ellas. Por todas. Por todos en definitiva.

 

 

viernes, 11 de noviembre de 2011

RARA AVIS

Este es el artículo, publicado también en webislam, que me sirvió para dar título a este blog:


Si al hablar intentas decir algo pero mezclando conceptos totalmente distintos, el resultado puede ser, si se me permite la expresión, una especie de mejunje, que da lugar a críticas. Y supongo que eso es lo que le pasaría a la Ministra de Igualdad la semana pasada cuando en su intervención acerca del papel de las mujeres en la alianza de civilizaciones mezcló culturas con creencias religiosas y procedió a criticar que “los hombres árabes o musulmanes (sin tener en cuenta que uno y otro término no tienen por qué ir indisolublemente unidos) que residen en España puedan vestir al “modo occidental” mientras las mujeres llevan el velo y vestidos largos”.
Supongo que las españolas no entramos dentro de su afirmación (¿o sí?) ya que la Ministra sabe que no todas las personas de nacionalidad española somos de religión cristiana, apostólica y romana, sino que en nuestro país hay gente de distintas creencias o que prefiere no creer en nada. Cada cual es libre de creer en lo que quiera, al menos según la Constitución.
Pero hay algo que se debería de tener presente, y es, que la fe no es discutible, o al menos yo así lo entiendo, ya que pertenece a la subjetividad de cada individuo. Siempre y cuando no perjudique a los demás por aquello de que mi libertad acaba donde empieza la de mi vecino. Tal vez por ello lo esencial es el respeto. ¿Qué más da cómo se vista cada cual si sabemos que lo hace dentro su libre y propia elección? ¿Tiene alguna repercusión sobre los demás que la persona que esté a nuestro a lado lleve un velo en la cabeza, o un piercing en la nariz, o una cresta rosa al más puro estilo punky? Sinceramente, creo que no. Lo verdaderamente preocupante son las tasas de desempleo que junto a la economía son los asuntos más preocupantes que afrontamos, y visto desde una perspectiva de género, que las mujeres seguimos percibiendo salarios notablemente inferiores a los de nuestros compañeros masculinos en el desarrollo de los mismos trabajos, algunas tienen que convivir con la amenaza de sufrir cualquier tipo de violencia sobre ellas, continuamos disponiendo de muchas menos horas para nuestro ocio, y en definitiva, lo de conciliar sigue siendo una tarea más que difícil para las que no queremos renunciar a nada. Estos asuntos nos afectan a todas por igual, sin ninguna distinción, y son susceptibles de mejora porque supondrán la mejora de toda la sociedad española actual y de la futura.
No sé qué pensará la Ministra de una mujer que defiende la Constitución y las leyes (como ella), que viste “al modo occidental”, que defiende los intereses de la ciudadanía y que a la vez lleva un pañuelo en la cabeza, pero espero que no piense que es una “rara avis”.



http://www.webislam.com/articulos/33886-rara_avis.html

sábado, 5 de noviembre de 2011

Mujeres: movimiento hacia el cambio

MUJERES: PROTAGONISTAS DEL CAMBIO
Realmente las mujeres siempre han protagonizado o coprotagonizado los cambios sociales en distintas épocas históricas. La revolución industrial supuso uno de esos momentos desde que precisó la demanda de un mayor número de mano de obra para trabajar en las fábricas aunque sometidas a unas condiciones laborales infrahumanas y percibiendo salarios más bajos que los de los hombres, que ya de por sí, eran bajos. La incorporación a las universidades y al mercado laboral traería consigo la nueva era de una rebeldía social hacia la posición de las mujeres que hasta esa fecha venía siendo habitual.
Recientemente hemos podido ver a las mujeres participar en el devenir histórico de sus países desde que se desatara la primavera árabe. Se han manifestado, movilizado y participado activamente para reivindicar cosas tan simples y tan grandes como la libertad y la dignidad del ser humano. Ejemplo de esas mujeres han sido las tres recientes premios Nobel de la Paz de este año entre las que está la activista yemení Tawakul Karman. Además de revolucionarias en sus países, estas mujeres suponen una bofetada sin manos para todas aquellas personas que durante años han insistido en presentar a las mujeres como meras observadoras pasivas. Nada más lejos de la realidad. Cualquier ser humano, antes o después, siempre termina rebelándose contra las injusticias, y las mujeres, además de resistentes son valientes.
Pero no nos auto engañemos. Aún queda mucho por hacer en todo el mundo y no sólo durante las reivindicaciones propias de dos días concretos al año (ocho de marzo y veinticinco de noviembre). Si bien esas mujeres han protagonizado los cambios sociales, junto a sus compañeros, ahora se hace necesario que estén reflejadas y representadas en los espacios públicos para tener participación en la toma decisiones y para ser más visibles. En caso contrario, de poco serviría la lucha.
Además de ello, es obvio que no todas las revoluciones son o deben ser como las mencionadas. Las revoluciones sociales cuyo objetivo es la búsqueda de la utópica y ansiada igualdad entre mujeres y hombres exigen una implicación de ambos aunque es evidente que, siendo las mujeres las que en muchos contextos nos encontramos en situaciones de desigualdad, seamos más reivindicativas al respecto. Y precisamente esa reivindicación implica también la importancia de ir acompañada de la concienciación acerca de lo fundamental de educar en igualdad.
    A diario escuchamos a muchas mujeres, que también son madres, quejarse de algunos comportamientos “habituales” sin darse cuenta de que a veces, ellas mismas están repitiendo y transmitiendo los mismos a sus hijos e hijas a riesgo de que sigan repitiéndose los mismos errores.
    Y viceversa, muchísimas mujeres dicen no querer que sus hijos o hijas repitan esos mismos errores y se convierten en verdaderas revolucionarias en el interior de sus casas intentando que sus hijas reciban la formación y tengan las oportunidades que ellas mismas no pudieron tener. Sin saberlo, se convierten así en las mejores embajadoras del feminismo en la búsqueda de la igualdad que, si bien, dan a veces por perdida para ellas, no pierden la esperanza de que las próximas generaciones tengan un contexto social más justo, equilibrado e igualitario entre mujeres y hombres.



lunes, 5 de septiembre de 2011

Todos los días son 8 de marzo


   En algunos foros de la Ciudad, y por extensión, del resto del país, cuando alguien habla de feminismo, se expone y arriesga a recibir algunas miradas, sonrisitas y cuchicheos, cuanto menos, de desprecio. Desprecio porque conciben el término feminismo como opuesto a machismo, cuando, como saben, el significado de ambos es muy dispar, ya que mientras el segundo supone la superioridad del hombre sobre la mujer, y aparejadamente, suele llevar actitudes vejatorias para reivindicar esa superioridad (a la vez que pretende rebajar nuestra dignidad) el primer término, el feminismo, surgió como movimiento para la reivindicación de la igualdad, sin más, no habiendo intención por parte de ninguna feminista, de expresar la superioridad de la mujer sobre el hombre por el mero hecho de serlo (eso sería hembrismo, una actitud tan radical y criticable como la del machismo).
   Para disimular ese machismo, porque hoy en día está mal visto socialmente serlo, (como tantas otras actitudes) surgen nuevas formas de practicarlo que se alejan del discurso y se centran más en la acción, por ejemplo, ¿es normal que las empresas sigan pagando menos, por realizar el mismo trabajo, a una mujer que a un hombre? ¿Es normal que el que gobierna, tanto a nivel local como nacional, no ejerza  control, corrección o sanción sobre semejante injusticia? ¿es normal la pasividad y el pasotismo? La gran diferencia entre los salarios de hombres y mujeres (como tantas otras cosas) no debería dejarnos indiferentes, y sin embargo, apenas se observan reacciones. Múltiples reuniones, conferencias, foros, debates….para darnos cuenta de que efectivamente aún estamos muy lejos de la igualdad, menos que hace unos años, obviamente, pero aún lejanos; y lo que es peor, con una actitud, por lo general, pasota.
 Muchas han dado la batalla por perdida, muchas intentan continuar la lucha tropezando constantemente con obstáculos, muchas tienen la esperanza de que las próximas generaciones lo tengan más fácil, muchas tienen que elegir entre crecer en su trabajo o ser madres, y a casi todas, les remuerde a veces la conciencia cuestionándose si no están siendo demasiado egoístas en sus aspiraciones porque es como si esa conciencia fuese un chip que se activa automáticamente cuando entran en confrontación distintos intereses.
   Mientras, casi todo sigue igual, las que cobran menos que ellos no denuncian por miedo a perder el trabajo (entre otras cosas por lo difícil que es encontrar otro en tiempos de crisis), las que quieren desarrollarse a nivel profesional no tienen más remedio que renunciar, muchas veces, a tener una pareja estable y a tener hijos, y viceversa, mujeres muy inteligentes y sobradamente preparadas tienen que detener su crecimiento profesional para poder ser madres, la conciliación se queda, muchas veces, en una bonita palabra, y a pesar de todo ello, a muchos les parece ……….normal.
   Fechas como el ocho de marzo y el veinticinco de noviembre, sirven para que cada cual reivindique a su manera la lucha por la igualdad y para que algunos aprovechen la ocasión para aparecer en los medios de comunicación. Sin embargo, el resto de días del año hay quienes continúan con su actitud y mentalidad, que en la mayoría de los casos, se aleja del interés por la igualdad real, y así, día a día, nos siguen llegando situaciones en las que la pretendida igualdad efectiva de derechos, brilla por su ausencia.
   Determinadas reivindicaciones no pueden hacerse sólo un día de trescientos sesenta y cinco, sino que hay que tenerlas arraigadas y presentes todos los demás si pretendemos, sinceramente, cambiar la realidad más allá de simples mensajes testimoniales.
La lucha por la igualdad, en el más amplio sentido, debería ser una bandera a lucir a diario por cualquier persona y en cualquier ámbito si pretendemos mejorar como sociedad.

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