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miércoles, 27 de noviembre de 2013

VIVO


  Vivo en una ciudad, donde los gobernantes se empeñan en dar la espalda a la realidad.
   Prefieren no verla.
   Miran a cualquier otro lado antes que buscar soluciones a las reivindicaciones de la gente. A los   problemas. Lejos de ello, sólo contribuyen a aumentar los que ya existen. Los pobres, cada vez más pobres. Gente a la que le cuesta sangre, sudor y lágrimas dar de comer a sus hijos. Personas cuyo día a día transcurre en un ir y venir constante de administración en administración, en busca de ayuda, porque de una les remiten a otra. Como si fueran pelotas en vez de personas.
  Vivo en una ciudad donde te odian por decir las verdades. Te llaman demagoga por hacerlo. Te crucifican. Propios y ajenos. El sentido de la crítica, evidentemente constructiva, está perdido, en el limbo y lo que a unos nos supone un ejercicio necesario para poder vivir con la conciencia tranquila, es convertido en un objetivo a batir por otros. Cuestión de intereses. Cuestión de miedos.
   Vivo en una ciudad donde se organizan actos contra la violencia de género, contra las desigualdades. Contra las desigualdades entre hombres y mujeres de este supuesto primer mundo; mientras tanto, en el perímetro fronterizo se viven verdaderas atrocidades, cometidas sobre todo contra mujeres, con la vista gorda de los mismos que dicen que las mujeres no estamos solas. No.
Qué va.
Estamos acompañadas de tipos que insultan. Empujan. Pegan. No puedo evitar pensar que podría ser una de ellas. Cuestión de haber nacido unos kilómetros más para allá.
   Vivo en una ciudad donde el dolor ajeno se ha normalizado. Las penas de los demás, resbalan. El conmigo o en mi contra está más de moda que nunca.
   Vivo en una ciudad donde observo atónita que día a día la resignación ante las injusticias nos absorbe.
    Mafalda diría aquello de "paren el mundo que me bajo".
   Yo no me quiero bajar. Se lo debo a mis hijos. A los tuyos. No nos podemos resignar. Prefiero perseverar en los intentos con lo único que tengo, lo único que tenemos: ILUSIÓN
 
  

jueves, 7 de marzo de 2013

LUCHADORAS

Trabajadoras. Valientes. Organizadas.Organizadoras.Sacrificadas....la lista de adjetivos que podría atribuir a las mujeres que conozco no tiene fin. Es tan larga como detractores tenemos quienes creemos en la igualdad. 
Porque los tenemos.Además de diferentes estilos: Desde quienes abiertamente reconocen estar convencidos de que las mujeres no servimos más que para traer hijos al mundo a quienes de modo sutil e hipócrita dicen creer en la igualdad pero sus actos demuestran lo contrario.
 Y aún así nosotras no nos doblegamos. Somos resistentes. Pacientes. Conscientes de que algún día llegará la igualdad que reclamamos y que no es más que la que por justicia nos corresponde.
Si tuviera que utilizar sólo una palabra, sin duda sería luchadoras. Para ello es fundamental la complicidad entre nosotras y la unión en su defensa. En la defensa de aquello que sólo puede beneficiar a toda la sociedad y que, aunque tarde en llegar, merece la pena luchar y soñar con ese ideal.
A fecha de hoy,7 de marzo de 2013, no hemos avanzado tanto como deberíamos. Ni como quisiéramos. Siguen existiendo prejuicios que desmontar. Derechos que reivindicar. Desigualdades que denunciar....
La lucha sigue estando viva. Más viva que nunca. Sigue siendo imprescindible. Solo nuestro sacrificio podrá permitir que otras se encuentren el camino un poco más andado. Por ellas y por tod@s sólo nos queda seguir adelante. 
Seguir caminando y si no existe sendero...inventarlo.
 
  

viernes, 8 de febrero de 2013

CAMINANTES DE LA VIDA

Tenía este espacio ligeramente abandonado pero no por voluntad propia, si no por imposibilidad de disponer de unos minutos en los que continuar reflejando y compartiendo mis pensamientos. Me río sóla muchas veces de mi misma y de la vida tan estresada y estresante que llevamos muchas mujeres, seguramente, la mayoria.
Obligaciones familiares, profesionales, académicas, sociales...y que apenas nos dejan espacio para disfrutar del silencio, del de Depeche Mode, o del de cualquier otro.
Querer superarnos a nosotras mismas como personas, como mujeres.
Querer estar siempre al pie del cañón, reivindicando, en las calles, en las universidades, en los puestos de trabajo, en nuestros círculos, en el mundo...Las voces de las mujeres cada vez se escuchan más alto, fuerte y claro, a pesar de todo...
A pesar de los obstáculos y de las trabas que nos vamos encontrando y que, una vez superadas alimentan nuestra autoestima y que, si no pueden ser superadas, también la alimentan, porque nos dan una lección en un mundo en el que siempre seremos aprendices.
A pesar de las críticas y comentarios, sean venenosos, crueles o malintencionados es difícil que hagan realmente mella en nuestro espíritu.
Al contrario, aunque a veces tengamos un impulso inicial de reaccionar visceralmente, en el momento que se reflexiona, vemos un poco más allá de las palabras y hasta las interpretamos más por lo que pretendían que por lo que decían.
Tal vez sea la edad, asociada a la madurez que la acompaña de un modo tan natural como inevitable, la que hace que se aprenda a vislumbrar y distinguir lo realmente importante de lo secundario. Lo importante, es el camino que recorremos, el aprendizaje que adquirimos de todas nuestras experiencias, el enriquecimiento humano e incalculable y lo secundario, son todas las piedras, las flores con espinas y las arenas movedizas que encontramos en él...
Y sinceramente, nada como contemplar el enorme esfuerzo de otras mujeres que nos rodean para insuflarnos de energía suficiente para continuar recorriendo nuestro propio camino que, al menos el mío, recorro paralelo al de otras muchas, con los pies en la tierra y la mirada en el cielo y dispuesta a dar lo mejor de mi en todo lo que pueda...
PD de complicidad: Soy consciente de que esta entrada puede resultar algo cursi :)
 

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