martes, 24 de julio de 2012

Jamás te quedará Paris

Hoy recupero este artículo de 2010 en el que expresaba la impotencia de muchas personas jóvenes de mi ciudad. Lo recupero hoy, que se hace público que un 65.8 de jóvenes de Ceuta están en paro...


Voy a omitir su nombre. Quizás porque ella nunca fue dada a salir de su anonimato y sobre todo por respeto a su intimidad. Creció conmigo, compartimos juegos infantiles y todos aquellos deseos  de crecer y cambiar el mundo, todo ello basado en la premisa de que otro mundo era posible. Nos encantaba teorizar sobre la igualdad social, sobre la lucha contra todo tipo de discriminación y sobre el valor y la importancia de los derechos humanos. 
Hoy escribo estas líneas algo triste imaginando que ya tiene pensado abandonar nuestra ciudad. Es joven, mujer muy formada y sobre todo una “caballa” defensora de esta ciudad y todo aquello que la rodea. Recuerdo que cuando ella estudiaba en Granada, yo la “picaba” diciéndole que ya no volvería a la ciudad. Ella siempre hacía gala de ese “ceutismo”  y me decía que de su tierra no la separaría nadie. Así fue, terminó su carrera y volvió a su ciudad. En las últimas conversaciones la notaba desmotivada, algo cansada de pasear su currículum en esa carpeta verde tan familiar. Yo la intentaba animar, le hablaba de su fortaleza anímica y que a las personas capacitadas, formadas y preparadas les estaba reservado siempre un golpe de suerte y éxito al final. Su contestación fue que en esta ciudad la preparación, formación y capacitación no son ingredientes  suficientes para las aspiraciones laborales. Intentaba rebatirla y hacerle ver que no todo era así, pero su planteamiento hacía que mi réplica se convirtiera en silencio.
Me hablaba de que lo había intentado todo, se había presentado a casi todo, pero que lamentablemente había alcanzado su techo de paciencia y que lo mejor era buscar otras expectativas laborales fuera de la ciudad. Estaba cansada de presentarse a procesos selectivos que tenían siempre  el mismo final. Me decía: “quizás tengo que inscribirme como engrasadora en el Inem, ser familiar allegada de un  asesor presidencial muy de moda, pertenecer a las juventudes locales  de un partido de implantación nacional o hacer el paripé mientras reparto sobres de color sepia mostrando  un pin de un ave voladora o de una flor empuñada. No estudié la carrera y me formé para eso. Si mi ciudad se está convirtiendo en el Reino de las prebendas, de los favores políticos, de las colocaciones a dedo y de los y las  pelotas que aplauden sin ningún tipo de orgullo y dignidad a cambio de “lo tuyo está hecho”, no reconozco a mi ciudad y se está muriendo poco a poco. Y lo más grave, con ella hace que desaparezcamos cientos de jóvenes cansados de tanto circo de favores que cierra puertas a ilusiones, esperanzas y motivaciones personales”.
Querida amiga, quizá estarás llegando a tu nuevo destino, a tu nueva vida lejos de tu ciudad, es triste que tengas que abandonar la ciudad que te vio nacer simplemente porque quien nos gobierna disfraza el interés particular de interés general. Tristemente a ti no te gustan las películas de Humphrey Bogart y por lo tanto “Jamás te quedará Paris”.
Aún así, querida amiga, y siendo consciente de tu decepción, sabes que en esta tierra seguimos existiendo personas dispuestas a hacer todo lo que podamos por cambiar los “vicios” de los que adolece la pequeña, dulce y marinera, porque ni tú, ni nadie, se merece tener que exiliarse de esta tierra a la que tanto quieres.

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